jueves, 2 de agosto de 2012

Informar o Desinformar, he ahí el dilema.

Hace dos años ya que se creyó y se hizo creer algo. Una cosa es presumir y otra cosa es ser un presumido. La intencionalidad y el tratamiento que se le da a un hecho. La ligereza, la propaganda.

Es fácil ver la diferencia de una noticia que se dedica a informar sobre un hecho concreto que podría tener una consecuencia, perfilando el personaje sobre el que recae la importancia de la noticia. Sólo hay que ver el lead, o introducción que hace el presentador del noticiero al informe que aborda varias fuentes que coinciden en la suposición que nunca es compartida ni debatida por los periodistas.



Y es más fácil ver la diferencia de una noticia que dedica nueve minutos para hacer una recapitulación que perfila al personaje y lo desdibuja mientras se sumerge inevitablemente en la propaganda. A parte de la ligereza de hacerle un nombramiento como parte del Secretariado de las FARC, nombramiento que nunca obtuvo en realidad, como se explicó en el informe de Noticias Uno.



Las dos notas salieron al aire el mismo día con una diferencia abismal en el tratamiento de la noticia; cabe aclararse que no es ni siquiera el gobierno el que trata de manipular la información, pues se ve que los dos usan casi los mismos extractos del discurso presidencial.

Pero días después Caracol Noticias sacó al aire un informe que se concentraba en cómo se había realizado la operación militar mientras aprovechaba para hablar ya de un cuerpo sin vida desaparecido.



Mientras tanto, Noticias Uno no se había quedado con la mera "chiva" y una semana después empezó a informar sobre las dudas que se manejaban desde las propias fuerzas militares.



Y tras una semana más se estaba dando un informe en el que ya se sabía que Fabián Ramírez estaba vivo. Situación estudiada y confirmada por la  Inteligencia Militar.



Luego de esto el resto de canales y sus noticieros empezaron a dar informes vagos sobre la supervivencia del guerrillero, pero ya sin tanto tiempo al aire.

Esta semana vuelve a ser noticia Fabián Ramírez. Luego de casi dos años en los que no se sabía nada de él, reapareció en una entrevista realizada por el periodista Kart Penhaul, donde señala que las FARC quiere acabar con la guerra y llegar a una salida negociada, pero que los intereses económicos de la clase dirigente no lo permite.

Curiosamente esta entrevista pasó sin mucha importancia. No apareció en los principales titulares de los medios impresos, radiales o televisivos. No fue la noticia destacada a pesar de que cuando se creyó abatido se le dio tanta importancia, sólo Caracol Noticias le dio relevancia porque consiguieron la exclusiva, pero fue más un asunto de tener la chiva que de informar y tratar el tema (Noticias Uno lleva 3 días sin subir sus notas a YouTube, así que por ahora no hay modo de mostrarles lo que informaron ellos al respecto).

Lea el informe de AFP.

lunes, 16 de julio de 2012

La Cruzada de las Gordas

Después de tantos días de revueltas mediáticas en la web a causa de una columna light –respuestas, reclamos, exigencias y lapidaciones–, este país como que no volvió del letargo, y ahora cuando enciendo el televisor todo me parece una sección de "las noticias del entretenimiento".

En una sociedad que no tenía opinión pública, y que, gracias a la masificación de aparatos más inteligentes que sus dueños (tienen pa' pagar plan de datos pero no pa'l semestre de la universidad) y al avance de las telecomunicaciones, ahora logra tumbar proyectos de ley a punta de trinos, resulta normal que ese prepúber movimiento (léase bien, prepúber movimiento, que después no salgan con que estoy diciendo que es un movimiento de prepúberes) también intente, además de derrocar congresos, mejorar algunos paradigmas y convenciones sociales; eso sí, según dicte la moda.

¡Claro! es que como está de moda ser ecológicos, incluyentes y solidarios, entonces la mayoría de colombianos han decidido estar a la moda honrando los dos valores cristianos más importantes con los que fueron educados, la hipocresía y el cinismo; en ese orden.

Así pues, en resumen ahora está IN ser un Godo Liberal (¡ojo! que no escribí GORDO.... aún). Sí, las señoras conservadoras que ya cambiaron el gris tradicional por un liberal violeta, ahora aborrecen la homofobia, y hacen citas con meses de anticipación para que el estilista con más plumas les corte las puntas, pero luego envían cartas por montones a los periódicos y revistas cuando hablan de la posibilidad de que las parejas homosexuales puedan contraer matrimonio civil o adoptar un niño. Otros andan marchando contra el estado paramilitar mientras se fuman un bareto o esnifan alegres un gramo de mercancía ofrecida por su paraco de confianza. Más son las señoras de mediana edad que se aplastan toda la tarde a ver un show de una tal Laura mientras los niños están en la escuela y luego se quejan con el defensor del televidente porque sus hijos menores de 13 años pudieron ver una vieja buenísima en Baby Doll a eso de la media noche.

A esa enfermedad occidental nada moderna, pero que está en auge, le solemos llamar Doble Moral. Y es algo parecido a lo que últimamente hace el gobierno nacional de nuestro país, desde el presidente hasta sus ministros, sin hablar de los exprotagonistas de la novela política que tratan de mantenerse vigentes diciendo cuanta pendejada se les cruza por los dedos (porque dudo que esas cosas salgan del cerebro, más bien salen de la yema de los dedos y de una se aplastan en el teclado de la Blackberry). Porque los políticos de este país sí han hecho carrera en este tremendo arte de tirar la piedra y esconder la mano; deberían darles a todos Doctorado Honoris Causa.

Barbie Gorda, by Buzz Caspian 

Pero bueno, ya es suficiente marco teórico. Entremos en materia.

Como ya debe ser obvio, lo que me trae a escribir es la polémica que desató la columna de Alejandra Azcárate en la famosa revista Aló, que fue difundida y viralizada a través de su versión virtual en AloMujeres.com. Bajo el título Las 7 ventajas de la gordura, Azcárate escribió con su acostumbrado sarcasmo ácido, casi cáustico, el 70% de un decálogo, en el que hacía de la gordura un tema del cual reírse.

Debido a esto, ya todos saben lo que pasó. Por primera vez en la historia de las columnas de opinión de La Azcárate en esta revista –ha escrito unas 18 desde abril de 2011–, se le armó la gorda; casi literalmente. Varias fueron las gordas que le respondieron a la flaca con más columnas a modo de parodia; aunque en ellas había más resentimiento e indignación, según decían ellas mismas. Muchas más fueron las gordas que se unieron y viralizaron la columna original, más las respuestas de las gordas, y bombardearon de comentarios el dichoso artículo en la web. Al día de sus disculpas públicas en una entrevista de radio eran 1.269 comentarios, casi todos en su contra y con intensiones de lapidarla, así sea en sentido figurado; un record para la flaca, pues sus columnas más populares llegaban escasamente a tener 4 comentarios (lo que no quiere decir que no le llegaran a nadie, pues sí se ve que le daban Like en Facebook y compartían por Twitter y correo electrónico... pero no desataban casi ningún comentario) 

Y lo que a mí me parece más curioso es, que tal y como pasa en los casos políticos, donde después de empujar al ministro Esguerra y a Simón Gaviria para que lograran la aprobación de la Reforma a la Justicia –sólo por poner un ejemplo–, nadie salió a defenderlos, los volvieron carne de cañón... y ahora tampoco salió nadie a defender a Alejandra, teniendo tantos seguidores; incluyendo muchas de las gordas que ahora están en su contra. Bueno, el caso de la reforma es una embarrada real y la columna de Azcárate no fue impulsada por ninguna mano invisible de antigordas, fue una cosa de ella, pero muestra también lo que ya había mencionado con otras palabras, y que sí aplica para este caso: ¡Estamos plagados de solapados!

¿Por qué? Porque Alejandra dijo lo que mucha gente dice en los círculos de amigos, y como tema no es nada nuevo, pues también es material recurrente de muchos humoristas que en televisión cuentan chistes bobos y en las fiestas privadas se desquitan sacando todo lo que no se puede decir en televisión, como los conocidos chistes verdes y los crueles, que sólo se dicen donde están sirviendo aguardiente desde temprano.

Pues bueno, no es que Alejandra necesite un abogado (a no ser que el sindicato de gordas interponga alguna extraña demanda en su contra, como cuando las beatas se ofendieron por su representación de Cristo en la revista SoHo), y menos a uno que apenas es un periodista con un blog de medio pelo que casi nunca actualiza, y que ni paga dominio y por eso deja el blogspot.com; pero de todas formas yo la intentaré defender ahora que los ánimos están menos belicosos (aunque se dice que recibió amenazas fuertes y tuvo que andar en carro blindado cuando regresó a Colombia… ojalá no la hayan amenazado con sentársele encima).

Y no quiero defender a Alejandra Azcárate porque sea mi amor platónico ni mucho menos (a mí no me gustan así de fashionistas). Yo la quiero defender porque simplemente es mi manera de defender lo que ella representa, la capacidad que tenemos de reírnos de todo y de todos, sin discriminar. A pesar de que ella ahora se haya disculpado y casi retractado en un texto que difundió a través de su cuenta de Twitter

Por eso, primero que todo les recuerdo que Alejandra se dio a conocer en el gremio de los comediantes con ese mismo estilo y tono al que ella llama realista, y que está cargado sin dudas de humor negro, sarcasmo y acidez. Entonces el problema no es el tono, el modo, porque deberían haberse movilizado hace mucho tiempo otras minorías o grupos que se sintieran identificados, aludidos y agredidos por sus bromas. Al parecer el problema es el tema... ¿o no?

La Azcárate ya había hecho chistes de gordos en una columna llamada Peso Pesado, publicada en la misma revista en julio de 2011. O sea, hace exactamente un año. Una pequeña cita textual:

“Si tienen papada, igual se ponen corbata. No les importa que se vea esa lonja con moño. Si no tienen nalgas, se meten la billetera en un bolsillo trasero y el celular en el otro para disimular la figura cóncava. No les afecta verse como una rana en requisa porque finalmente en el sexo con o sin pompis, el empuje es el mismo. Las pantorrillas tampoco los estresan. Si son gruesas andan con ínfulas de futbolista y si son delgadas no se traumatizan. Salvo que vivan en tierra caliente, anden todo el tiempo en pantaloneta y parezcan parados en las manos.

Tal vez la única zona que sí los deprime es el abdomen. Para ningún hombre es halagador ponerse la camisa y parecer un mamoncillo reventado. La figura de rombo que se forma entre un botón y otro es humillante. Y ni qué decir cuando se esparce hacia los lados formando un hula hula de grasa. ¡Fatal!”

En esa ocasión, esa columna, tampoco recibió ningún comentario, ni desató ningún escándalo, aunque esa vez también comparó a los gordos con los famosos anfibios del orden Anura. Y si mal no recuerdo, ese texto pasó a ser parte de su repertorio en Comediantes de la Noche, por lo que tuvo mucha más difusión.

Entonces, si el problema no es ni el tono, ni el tema, podría ser el género. Pero de hecho son las mujeres y ella misma sus blancos más recurrentes a la hora de hacer comedia. Algunos apartes de su propia vida, como la relación con sus padres, y su posición frente a los asuntos cotidianos y comportamientos característicos de las féminas, incluyendo la sexualidad, nutren el tema de sus rutinas o columnas. Y es que puede ser el tema de las mujeres desde su experiencia el que más utiliza para decir sus verdades con tono irónico, causando risas sin recurrir al chiste.

Además, según ella misma ha dicho, sabe que es una mujer controversial de públicos polarizados, y reconoce que gracias a esas buenas y malas lenguas tiene una carrera exitosa y vigente.

Por lo visto, tampoco es un asunto de género. Pero si no es el tono, ni el tema de la gordura, ni el tema de las mujeres, porque todo eso ya lo hacía antes, entonces ¿cuál fue el lío? Parece ser que fue hablar de la gordura de las mujeres siendo flaca, aunque, como ya lo manifestó, y muchas gordas lo ignoraban al momento de irse lanza en ristre, La Azcárate tuvo su propio problema de peso a causa de una ruptura amorosa y un enclaustramiento invernal durante su estadía en Estados Unidos. Pero como nadie la conoció gorda, seguramente ese fue el pecado que cometió, el de ser una figura pública con una vida muy privada. Y resulta común que los comediantes que no hacen alusión directa a sus propias vidas o experiencias en todo momento al hacer sus bromas, así sea mentira y sean experiencias ajenas, terminan siendo señalados como arrogantes o hirientes.

Tipos de gordura

Pero a mí lo que me intriga es todo el fenómeno antropológico que se da a raíz de ello.

Antes de las respuestas particulares e iracundas, donde sí se intentaba insultar a la periodista que escribió una columna cómica con generalizaciones y sin aludir a ninguna gorda en particular, uno tenía otra concepción de la gordura. Si no fuera por la primera gorda que reaccionó y logró que todas las mujeres se autodenominaran gordas, uno seguiría clasificando la imagen por volumen y peso en la siguiente escala ascendente (que es la que usa normalmente la gente y sin una mala intensión real): Anoréxicas, bulímicas, modelos de pasarelas europeas, modelos de pasarelas argentinas, escuálidas, flacas, esbeltas (ahí cabe Azcárate), modelos colombianas, mujeres normales, trocitas, rellenitas, gorditas, mediogordas (aquí cabe –que conste que no es chiste de volúmenes– Fabiola Posaba, más conocida como la Gorda Fabiola), gordas (acá pertenecía la Gorda Fabiola antes del Bypass Gástrico), gordotas u obesas. Siendo todas estas denominaciones eufemismos y disfemismos que se podrían usar para insultar, pero que la mayoría se usan como simple referencia; adjetivos calificativos útiles para reseñar, como calvo, barbado, bronceado, o rasta.

Como fenómeno del lenguaje cabe destacar la palabra “gorda”, que ahora es usada indiscriminadamente por las mujeres jóvenes (y las que se las dan de jóvenes o modernas), que reemplaza la palabra “amiga”, y que también la usan esas mismas mujeres, ampliando el rango hasta un poco más adultas, para referirse a sus novios o esposos. En ese contexto, “gorda o gordo” resultan ser modismos cariñosos, como lo fuese para la generación de los que ya son abuelos las palabras “negro o negra”, que no se usaban con ningún sentido racial. Obviamente las mismas palabras en distintos contextos se pueden usar para señalar, discriminar e insultar; así como también pueden ser usados de esta manera las palabras “flaca” o “peludo”.

Otra curiosidad lingüística apareció entre las respuestas de las gordas, que desde ese día sentaron su posición de querer ser calificadas como “Mujeres de talla grande” en lugar del adjetivo “gordas”. Cosa que me recordó los movimientos afrodescendientes, que aludiendo a un tema de discriminación racial han pretendido borrar la palabra negro como adjetivo, cuando se supone que el problema estaba en que se usara como sustantivo o pronombre; existe un caso que parece mentira, pero que es real, en el que un movimiento afrodescendiente señaló de racista la promoción de un ciclo de Cine Negro, y por lo que muchos empezamos a reírnos, incluyendo amigos negros, de la demanda de este movimiento que podría llegar a exigir que se empezaran a usar nuevas expresiones como: Blanco y Afro, Hoyo Afro, Crayón Afro, Brasier Afro, Zapatos Afro y hasta Jamón de Pata Afro. Con esa misma lógica (y lo digo porque realmente muchas gordas sugirieron seriamente algunas de esas reformas en los comentarios que hacían) el sindicato de gordas –movimiento sin formalizar que actúa como tal– empezó a pedir que se dejen de usar expresiones como: Me cae gorda, Se armó la gorda, Pez gordo o Premio gordo.

Pero sin duda lo que más me llamó la atención fue que la mayoría de mujeres de Talla M para arriba se empezaron a sentir gordas. Y no por la columna original de La Azcárate, sino por la algarabía promovida por las primeras gordas que se indignaron. De repente muchos de mis contactos en Facebook, en el rango de mujeres normales a trocitas, siendo la mayoría unas mamacitas, empezaron a escribir que eran “gorditas felices”; ¿por qué subieron de peso virtualmente? Debió ser solidaridad de género, cosa que sólo se aplica en público, y en estos casos, porque no hay género más criticón que el femenino. Cuando uno tiene tantas amigas de todo tipo, es normal escuchar variedad de comentarios ante la ausencia de unas y de otras; la ropa, el pelo, el maquillaje, los zapatos, el peso y el comportamiento son constantemente señalados a espaldas con comentarios como: “Hoy Aleja se vino como una grilla”, “¿Y Andrea dice que está yendo a trotar?”, “Ese novio de Mónica sí la tiene es pero acabada”, o “A Cristina sí como que le fascinan las blusas de veinte mil”.

Los hombres en cambio nos señalamos constantemente con términos y chapas que para las mujeres serían insultantes, como “gordo”, “narizón”, “cabezón”, y hacemos mofa de esas condiciones, sean propias o de los otros. Y los cotilleos a espaldas entre hombres sólo se enfocan en otros hombres o mujeres cuando no son del círculo, y si luego se integran se repiten de frente.

Esa primera semana del escándalo debió ser un martirio para los hombres que les decían a sus novias, esposas o amantes, por puro cariño, “gordita” o “gordis”.

Y ¡Ojo! Que, como ya dije antes, no estoy defendiendo a Alejandra como persona, pues cualquiera tiene derecho a que La Azcárate le caiga “de talla grande”. Porque a mí me caen mal algunos negros, homosexuales, calvos, flacos y hasta gordos, y no por eso se puede volver eso un crimen de odio. Es que la simpatía o la falta de química no están condicionadas por la apariencia física ni por la condición de género, sino por la personalidad. Y tampoco voy a defender específicamente el dichoso artículo que desató el escándalo, porque como le pasó también a Héctor Abad Faciolince con su columna Contra el Teatro, me parce que a Alejandra se le fue la mano pero en la ligereza, escribiendo un texto que no hace gala de la calidad a la que nos tenía acostumbrados.

Entonces yo defiendo es el derecho a reírnos de todas esas cosas y señalo la hipocresía de todos los que salieron a apoyar la cruzada de las gordas, que igual se seguirán riendo de los chistes o comentarios (sean bobos, trillados, “de peso relativo a la talla grande” –o sea pesados–, y representen el humor fino, el ácido, el verde, o el “Afro”) que sacan risas sobre las generalizaciones sobre hombres, mujeres, calvos, flacos, gordos, feos, modelos, reinas de belleza, políticos, abogados, boquinetos, ciegos, mochos, paisas, pastusos, costeños, pereiranas, rolos, judíos, hippies, indios, “Afros”, etc, silenciando momentáneamente el humor que saque partida de la “gente de talla grande”.

“El humor es definido como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas”1. “La caricatura como género artístico suele ser un retrato, u otra representación humorística que exagera los rasgos físicos o faciales, la vestimenta, o bien aspectos comportamentales o los modales característicos de un individuo, con el fin de producir un efecto grotesco. La caricatura puede ser también el medio de ridiculizar situaciones e instituciones políticas, sociales o religiosas, y los actos de grupos o clases sociales. En este caso, suele tener una intención satírica más que humorística, con el fin de alentar el cambio político o social”2

Las generalizaciones y segmentaciones las usamos para muchas cuestiones prácticas que no solemos atacar, como la estadística, para fines sociológicos, médicos y de mercadeo. En el humor echamos mano de esas mismas generalizaciones para caricaturizar y reírnos de esas caricaturas. Los llamados límites o líneas que no se deben cruzar están determinadas por la moral y la ética de cada sociedad, y son determinantes en los asuntos pertenecientes al derecho en temas como la política, la economía, y más recientemente la ecología. Pero no es lo mismo hacer un chiste de gordos que sacar un proyecto de ley que limite los derechos de las personas por su gordura. Movilizar un grupo social para exigir que una persona se retracte por un comentario, un chiste o una caricatura es una completa exageración; a no ser que sea un caso en el que se dirige a una persona en particular y realiza juicios que no le competen y que pueden atentar contra su derecho al buen nombre.

¿Es lógico entonces empezar una cruzada contra la literatura, el teatro, las artes plásticas, la música, la televisión o el cine para que se erradique por completo de su quehacer la sátira y la caricatura? Y de paso que se retracten de canciones como La Faca de Jarabe de Palo, Plástico de Rubén Blades, La Gorda de Los Payos (España 1968); o de la obra literaria de Juvenal, Cervantes, Jonathan Swift, Thomas de Quincey, y Ambrose Bierce; o La obra plástica completa de William Hogarth y Andy Warhol; o la dramaturgia de Shakespeare, Eduardo Lustonó, Eduardo Saco, Miguel Ramos Carrión, Leo Bassi y Darío Fo; y ni qué decir de programas de televisión como Monty Python's Flying Circus, Absolutely Fabulous, The Office, Mad TV, Los Simpson, Futurama, Family Guy, American Dad, The Cleveland Show, o Louie, siendo los más ácidos y exagerados South Park y Little Britain; y en el cine deberíamos crucificar a los Hermanos Coen, Pedro Almodóvar, Álex de la Iglesia, Tim Burton, o a nuestros Víctor Gaviria y Harold Trompetero. Entre muchísimos otros.

Y no estoy comparando a La Azcárate con estos ilustres representantes del caricaturismo (no se entienda caricaturizar en el mero contexto del dibujo), el humor negro, el sarcasmo y la sátira; pues todos ellos son  diferentes entre sí. Estoy diciendo que Alejandra también hace uso de esas ramas del humor, que es precisamente por lo que se le condena.

Algunos se habrán preguntado por qué no sale Fernando Botero en ese listado, tan obvio para muchos, pues por respeto a lo que dice el propio artista de su obra, porque ha sentenciado él mismo en varias ocasiones: “No he pintado una gorda en mi vida”.

Porque la discriminación como Caballito de Batalla ha terminado por convertirse en el agente de mayor autodiscriminación. Cuando una autodenominada minoría exige ser excluida del humor, o exige inclusión en forma de puestos preferenciales para ingresar a las universidades o cargos públicos, no está luchando por la igualdad de derechos y condiciones, está acudiendo a la simple condescendencia y eso termina siendo muchas veces más discriminatorio.

No quiero decir con eso que ya no exista el racismo, o la homofobia, o la inequidad de género, porque evidentemente existen, pero no por eso los movimientos que luchan por la erradicación de dichas prácticas arcaicas deben reclamar nuevos paradigmas que les asignen un estatus preferencial en la sociedad, eso es no es equidad, es sólo una nueva forma de inequidad que ahora los beneficia como minorías.

Ya se ha venido evidenciando en las prácticas de participación política de menos escala, como las comunales y barriales, que la excesiva segmentación extiende el peligro de que se beneficien más los intereses particulares sobre los colectivos, y que, en lugar de promover la equidad, termina dividir más el movimiento cívico colectivo. Cada vez resultan más colectivos definiéndose como minorías, y las antiguas minorías empiezan a dividirse internamente en otras subminorías.


Sacado de Weird History

En lo que respecta al humor nos falta madurar, y cuando digo nos falta quiero decir que en realidad: les falta.

Y es que si uno ve en retrospectiva, o se fija en los sobrinos o en los hijos más chiquitos (quien los tenga), se da cuenta de que los niños son los más mordaces e imprudentes; como aún no se les ha adoctrinado en lo que es políticamente correcto ni han terminado su aprendizajes de los sagrados valores cristianos de la hipocresía y el cinismo. Ellos no tienen filtros como para evitar herir susceptibilidades, y por lo tanto se les corrige, pero no se los lapida por referirse a la tía abuela como “la de la verruga”, o al primo metalero como “el primo que tiene pelo de mujer”, o al abuelo como “el viejito que se tira pe’os”. Tampoco son juzgados por decirnos que algo de nuestra ropa les parece “muy feo”, pero sí son adulados cuando la blusa de la mamá le parece “muy linda”. Y si a uno no lo hubieran corregido tanto para volverlo políticamente correcto seguiría recibiendo esas denominaciones o señalamientos que en principio eran inocentes, y que gracias a la instrucción se volvieron herramientas para ofender. Porque las supuestas malas palabras no lo son porque sí, sino porque las sabemos usar para ofender, y así mismo aprendemos a usar cualquier palabra para hacerlo… incluyendo palabras como “cariño” o “amorcito”.

Pero la mayoría de nosotros aprende, a más tardar en los últimos años de colegio, que cuando a uno le ponen un apodo o lo molestan por alguna embarrada, lo peor que uno puede hacer es quejarse, pues lo único que logra es prolongar las mofas. Se aprende que lo mejor que se puede hacer para dejar de ser el blanco de los chistes del salón, es reírse con ellos y hasta burlarse de uno mismo. Porque el objetivo de los chistes en el colegio ni siquiera es ofender sino molestar.

Cuando alguien ya no se molesta porque le dicen “pocillo” (por orejón), o “Condorito” (por narizón), o “sombra” (por negro), se le pierde el uso… Los jugadores de fútbol que conservan esos apodos tuvieron que haberse opuesto mucho tiempo a la mofa para lograr mantenerlos (claro, además de que dejaron el colegio normal para entrar a otro colegio en el que sólo les toca ver la materia de “Educación Física” y que además les dura hasta los treinta y algo… y aparte les pagan por ir). Otros que conservan apodos y burlas viejas, son los que se quedan en esos eternos grupos de barrio, que se originaron en el colegio o en la cuadra, y que se siguen reuniendo por lo menos cada mes en algún asado o partido de fútbol (sea que vayan a jugar o que vean uno por televisión), pero como ya lo había mencionado, a los hombres eso no es algo que nos mortifique, incluso nos gusta tener apodos, porque eso evidencia una especie de aceptación y estatus en determinado clan.

Claro, hay gente que llega a la universidad y hasta a la vida real manteniendo esos complejos. Nunca lograron hacer madurar su sentido del humor. Llegaron a la adultez creyendo que todo es personal y que todo va encaminado hacia ellos y con la firme intención de herirlos y destruirlos. Para uno ofenderse con un Stand Up Comedy o con una columna de La Azcárate, o cualquier otro comediante que hable de calvos, gordos, pobres, ricos, negros, y modelos brutas, tiene que ser que se identifica plenamente con todo, o sea que se considera a sí mismo tan grotesco como una caricatura, y que sufre de paranoia por baja autoestima, por lo que le resulta más fácil echarle la culpa de sentirse miserable a los demás que aceptar que son infelices por puro complejo de inferioridad.


Evolución del consumismo 

Ahora, para finalizar este larguísimo texto, que parece haber terminado siendo un tratado, quiero señalar otro par de fenómenos muy delicados que salieron a flote con esta controversia:

Las respuestas en contra de la columna de Alejandra Azcárate terminaron siendo más ofensivas que lo que se le adjudicaba a ella, pues en esa ocasión ya iban contra una persona específica con nombre propio y no a una generalización de mujeres esbeltas que se dedican a la actuación, el modelaje y la comedia. Y además resultaron ser una apología a la gordura en lugar de una defensa del que quiere ser gordo.

Me perdonarán por anticipado, pero es que ser gordo u obeso no es una condición natural de nuestra especie. Eso es resultado de cierto estilo de vida, o sea de la dieta (¡OJO! Que dieta no es un mecanismo para adelgazar, sino el listado y frecuencia de lo que comemos) y la actividad que se desempeña. A su vez, las actividades que realiza una persona y la dieta están fuertemente influenciadas por su cultura, siendo lo más influyente la crianza y luego el entorno educativo en su infancia y adolescencia.

Ninguna otra especie, aparte del hombre y los animales que domestica (animales de compañía, para consumo y para experimentación), sufren de obesidad.

Las familias de gordos y gorditos no los son porque sean predispuestos genéticamente a engordar ni porque sean de huesos grandes. Esa es una excusa que se inventaron para no decir que es porque desde siempre la familia gusta de ser “de buen comer” (porque así es que dicen los gorditos). Y eso está muy bien, que les guste comer de todo y sin balancear nada, que lo que no se gastan en verduras lo inviertan en insulina y pastillas para la presión alta.

Lo que no está muy bien es que hagan una apología de la gordura como si tuviera una condición de inocuidad. Y entonces crían a sus hijos, y a sus mascotas de paso, como si engordar fuera sinónimo de nutrir. No es raro ver a un par de gorditos del mismo apellido, aplastados frente al televisor, comiendo pizza o nuggets de pollo. Porque como es más fácil sacar un paquete del congelador y tirarlo al microondas para no tener que ponerse a picar un montón de cosas y prender fogones para hacer un almuerzo normal… también es mejor mandar a los muchachos al colegio con dinero y que coman lo que quieran, porque eso de levantarse a preparar loncheras es de padres anticuados.

A mí por ejemplo me gusta fumar. Y sé que eso perjudica mi salud. Pero fue una decisión personal que tomé a mi mayoría de edad. Y aunque me gusta, eso no quiere decir que vaya por ahí dándole a fumar a mi sobrino o a los hijos de mis amigos. En cambio sí estaría muy bien visto si llevo esos mismos niños a comer todos los fines de semana a McDonald’s, o si les llevo una caja de pollo frito cada vez que los visito. Mientras tanto los papás agradece haberse evitado tener que encargarse de la comida (o sea le evitamos el esfuerzo de levantar el teléfono para pedir un domicilio).

Haga el experimento más sencillo del mundo, lléveles a unos niños 10 paquetes de algún mecato que vendan al lado de la caja del supermercado, y lléveles 10 frutas y verduras del mismo supermercado. Y luego pregúnteles qué son todas esas cosas. Con el mecato seguramente conocen y han comido por lo menos 7 de 10, y con las frutas y verduras, a los que no se asusten y salgan llorando seguramente acertarán unas 3 de 10, y eso porque las vieron en Discovery Kids o Disney Junior. Y si usted consulta con los padres se encontrará con un “es que a ellos no les gustan esas frutas o esas verduras”… cómo les van a gustar si nunca las han probado porque sus papás nunca las han comido tampoco.

Claro, como toda la culpa es de los medios masivos como la televisión que se encargan de establecerles modelos errados e inalcanzables de belleza, y no la adopción de modelos de consumo occidentales donde al niño se le da a escoger entre McDonald’s o KFC (tranquilos que también aplica la comparación Presto o Frisby). Y la verdad es que la gente que piensa que la culpa es de los medios y sus modelos tiene toda la razón, porque seguramente compraron una niñera de 42 pulgadas con ochenta y pico de canales para cuidar niños mientras se habla por teléfono con un plan ilimitado de lo difícil que es bajar una barriga a punta de abdominales (sobre todo cuando la barriga es resultado de un colon inflado) y de cómo una mujer que se ve “buena” en televisión, o una que escribe una broma sobre gordas son las causantes de que exista la anorexia y la bulimia.

Pero de trastornos alimenticios como la anorexia, bulimia y obesidad, además del verdadero impacto de los medios y los modelos de belleza, serán cosas de las que les hable a fondo en próximos artículos.

Por ahora sólo espero que no me echen la maldición de la tiroides que andan promocionando algunas gordas, ya es suficiente con la manera tradicional con que me insultan en la web; con un: “¡Qué dios te bendiga!”.

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1- Humor, en wikipedia.es
2- Caricatura, en wikipedia.es

domingo, 24 de junio de 2012

Así como los "consejos" de los "Duros"

Recuerdo mucho, y sé que muchos de usted también recuerdan, el alboroto que hubo y la investigación de la que fue objeto Nicolás Castro, el muchacho aquel que fue capturado el 2 de diciembre de 2009 por tener un grupo de facebook llamado "Me comprometo a matar a Jerónimo Alberto Uribe". A esa fecha, la entonces senadora Piedad Córdoba dijo: "El grupo (de amenaza de muerte) al hijo de Uribe estuvo al aire 10 horas y aún así hay presos, los que me querían matar estuvieron al aire por meses (...) yo tengo los registros, uno busca un sicario para asesinarme, otro hace colecta para quemarme y otro una bomba".

El 7 de abril del 2010, mientras el caso se encontraba en la etapa de juicio, Nicolás Castro salió de la cárcel La Picota en donde se encontraba recluido y recibió el beneficio de detención domiciliaria hasta junio del mismo año, fecha en la que quedó en libertad por vencimiento de términos. Y para septiembre de ese año quedó absuelto.

Ahora sale el expresidente Álvaro Uribe, a través de uno de sus famosos trinos (de Twitter), a decir que están amenazando de muerte a Héctor Abad Faciolince; amenaza de la que ni el propio periodista estaba enterado. Además el twitt aparece coincidencialmente después de que fuera publicado un artículo en el New York Times, escrito por Faciolince, donde decía que Uribe no sabe comportarse como expresidente.

No sé qué pensará la gente, ni la Fiscalía que en su momento acusó a Nicolás Castro de conspirar para asesinar a Jerónimo Uribe. Pero a mí personalmente, y por experiencia propia de caminante de ciudad, esas palabras de Uribe se me asemejan mucho a las palabras de los "Duros" cuando no les gusta mucho que uno ande preguntando cosas por "sus barrios" (porque son suyos, ¿no?) y lo agarran a uno con todo el cariño del mundo, pasando su brazo gordo por encima de nuestros hombros, y dicen: "cuidado en la calle pela'o, que hay mucha gente por ahí a la que no le gustan los curiosos, y con tanto gamín que mata por gusto, no sea que me le vaya a pasar algo por no aceptar consejos".


Uno sabe cuando lo amenazan, así sea como de manera impersonal, y ya uno decide si recibe "consejos" y abandona temas, o si tiene plata pa' pagar escolta.


martes, 19 de junio de 2012

Experimentación con animales

Me perdonarán mis amigos animalistas recalcitrantes que alimentan con pure de zanahoria y tofu a sus perros y gatos originalmente carnívoros (además de desconocer su estado de esclavitud como mascotas) y que renunciaron a su condición omnívora porque su moral superior les dicta respetar a los animales y desconocer el mayor grado evolutivo de las plantas (que poseen al menos tacto y olfato como sentidos comprobados, y las habilidades de comunicarse y recordar).

Ahora que el antitaurino pasó de moda y entró en pleno auge el ser activista anti-laboratorios que experimentan con animales, a mis amigos identificados les digo: De verdad espero, de todo corazón, que nunca sufran algún accidente que los deje paralizados, obviamente ni a mis amigos racionales, ni siquiera a los desubicados, pero sobretodo a ustedes les deseo plena salud, para que nunca tengan que sentirse incoherentes al pedir el tratamiento para recuperar la movilidad de sus extremidades, ya que fue desarrollado gracias a los experimentos con ratas.


O simplemente dejen el maniqueísmo. Porque no es lo mismo probar un labial en un conejo o un japón en un chimpancé que desarrollar medicamentos o realizar investigación científica con animales.


martes, 8 de mayo de 2012

Dania, la puta más famosa del mundo.



Antes de revelar si quiera su identidad, Dania ya era la noticia más importante de los Estados Unidos y de Colombia, además de ser una de las noticias más importantes en el mundo por lo que significaba que un agente secreto del esquema de seguridad del presidente Obama hubiese tenido el poco tacto para tratar esta situación, que simplemente terminó siendo un asunto de plata. El agente la contrató como su scort y luego no le quiso pagar lo acordado.

De ahí en adelante han surgido todo tipo de variaciones en los hechos, más que todo especulaciones y momentos de oportunismo de otros personajes que han querido aumentar la dimensión del trasfondo real, y desde entonces esta colombiana ha sido la comidilla de los medios más importantes. Era pues predecible que, desde que reveló su identidad, se convirtiera además de todo en una noticia de farándula, un personaje apetecible por cualquier medio, por los hechos iniciales y por su potencial como Sex Symbol a explotar en revistas especializadas como Hustler.

Su página en Facebook se abrió el 4 de mayo, y a hoy día tiene más 3.880 fans, además de tener un muy buen movimiento de pubicaciones. Dania, la prostituta más famosa del mundo en este momento (le ganó en popularidad a Zahia Dehar, la prostituta marroquí que estuvo involucrada con la selección de fútbol francesa) por prestarles sus servicios de scort a un agente del Servicio Secreto.

La colombiana Dania podría seguir el mismo camino de Zahia, mojando prensa, apareciendo como portada de revistas, y hasta en Cine y TV, y al final seguramente se convertirá en una empresaria de otro tipo, pues manifestó que le tocó abandonar su carera de scort ante tremenda "boletiada". Esta sanandresana de nacimiento, y cartagenera de crianza, tiene un muy buen equipo de relaciones públicas o se convirtió en una habilidosa Community Manager de un momento a otro. Shakira seguramente le agradeció por robarle el protagonismo de la Cumbre, y dejar a Ublime como un chiste de 15 días.

El asunto de Dania, junto al más reciente caso de Julia Orayen, la modelo argentina que se robó el show por la aparición durante 24 segundos de su escote en el debate de los candidatos presidenciales emitido en México, parecen dejar claro la irrelevancia de los hechos políticos en Colombia y su pasada Cumbre de las Américas, y de México y su actual contienda electoral... porque si un par de buenas tetas pesa más en los medios que los discursos y los hechos políticos, pues no es culpa de estas dos mujeres, ni de los medios, ni de la gente, sino de la futilidad del acontecer político de estas dos naciones latinoamericanas.

-La Cumbre no parece haber dejado nada, más allá de los costos y la equivocación de Sakira, y los candidatos presidenciales en México no parecen tener mucha credibilidad-

La pregunta es: ¿Será que estos casos también serán meros chismes y agitaciones de 15 días de prensa? ¿O tal vez estas mujeres tendrán mayor habilidad que los políticos para permanecer en el foco de interés de los medios y el público que ya construyeron?

Al final, el asunto no debería ser el tema de la prostitución, a no ser que se quiera discutir sobre la dignificación de las mujeres que la ejercen (cosa que veo difícil en esta sociedad de hipócritas). Porque si los conservadores y mojigatos quieren volver este un tema de discusión moral, no le veo el caso, sabiendo que los más ultraconservadores de todos, la Iglesia Católica, tienen desde hace mucho a una puta como santa.